Domingo 13 de Abril de 2008
La nueva película de David Cronenberg:
Promesas del este El monstruo que llevamos dentro
Ernesto Ayala
Uno de los misterios del cine es que, siendo un soporte netamente visual, se haya convertido en un medio para contar lo que no se ve, lo que está ahí, pero se nos escapa. Si lo comparamos a buena parte de la novela, el cine, por ejemplo, no entrega acceso directo a los pensamientos o sentimientos de los personajes. El cine crea a sus personajes desde la opacidad de sus actos ("¿hacia dónde va él?", "¿por qué ella está llorando?"). Si algunos directores ven en esto una limitante insuperable del medio, otros, los menos -muy pocos, la verdad-, ven justamente su fortaleza. La opacidad les permite crear misterio, retener información, contener y jugar con el punto de vista, que es donde se esconde buena parte del secreto de la narración cinematográfica. Ya no es un poker con las cartas abiertas, que es como Piglia describe a la novela, sino uno con las cartas cerradas. El canadiense David Cronenberg es quizás uno de estos directores. O más exacto sería decir que lo está siendo.
Cronenberg ha filmado incontables veces sobre el monstruo que llevamos dentro, el monstruo que no se ve, ese otro yo, terrorífico, incontrolable, incivilizado, ajeno y a la vez propiamente nuestro. Al principio de su carrera, este monstruo solía ser literal. Desde Crash (1996), pero especialmente en Una historia de violencia (2005) y Promesas del Este, el monstruo está en quienes somos, en nuestro pasado, que se oculta bajo una apariencia extremadamente civilizada. Aunque la protagonista de Promesas es Anna (Naomi Watts), una matrona que, deprimida por la pérdida de su propia guagua, no puede dejar de investigar qué sucedió con una madre adolescente que llegó sangrando a dar a luz a su hospital, el verdadero centro del relato está en Nikolai (Viggo Mortensen), un chofer inmigrante ruso, y su jefe, Smyon (Armin Mueller-Stahl), un hombre maduro, aparentemente gentil, sensible y civilizado, que maneja un elegante restaurante ruso en Londres, hasta donde llega Anna cuando necesita traducir el diario -escrito en ruso- de la madre adolescente. Sin embargo, nada es lo que aparenta. Anna, sin quererlo, se mete en el centro de la mafia rusa en Londres.
Quizás lo más impresionante de Promesas del Este no es la violencia que despliega, y de la que tanto se ha hablado. Más que violencia, hay sangre, abundante, pero, como dice Philip French, crítico de The Guardian, la sangre es un tema en la película y una metáfora, se repite a lo largo de la cinta y su rojo reverbera en el ADN donde está inscrita nuestra identidad. Lo más impresionante de Promesas..., en realidad, es el dominio con que está filmada. Está escrita, fotografiada, actuada y montada del tal forma que verla produce un efecto poco menos que hipnótico. Debajo de esa suave y seductora perfección formal, Cronenberg juega sus cartas. Los ojos azules de Smyon, su calvicie, sus restos de pelo blanco, la forma en que toca el violín delante de unas niñas, el amor que muestra por la cocina y sus detalles, nos da la sensación de que Smyon es un viejo en la madurez de su sabiduría y en el dominio de su entorno. En realidad es un criminal tenaz y astuto, sin más ética que, de nuevo, la sangre. Es interesante el cuidado con que Cronenberg lo pone en escena, porque mucha gente llega a su restaurante, viejos sobre todo, ricos en su mayoría, y entre bandejas de plata y el terciopelo rojo se come y bebe con fraternidad. Pero cuando la cámara pasa por esos rostros, nobles y envejecidos, sabemos que sólo vemos el exterior; las caras, y no los corazones; el presente, y no la historia. No cuesta mucho imaginar entonces que, tal como en el caso de Smyon, detrás de esos rostros, gente muy sofisticada en una ciudad sofisticada como Londres, se esconden monstruos. Nikolai, con su misteriosa ambigüedad, también es una suerte de monstruo condenado. Si extendemos esta mirada de Cronenberg al plano político, el filme nos recuerda que el próspero y sabio rostro de Occidente, la tierra prometida a los inmigrantes del Este, se construye sobre la violencia.
Cronenberg vuelve al tema del monstruo. Pero, tal como en Una historia de violencia, éste no es literal, sino que se esconde debajo de la suave apariencia del hombre civilizado, europeo.
"Eastern promises"
De David Cronenberg
Con Viggo Mortensen, Vincent Cassel y Naomi Watts
Gran Bretaña, Canadá, Estados Unidos, 2007
100 minutos.
Lo más impresionante no es la violencia de la que tanto se ha hablado.
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